Nuestro fragmento Bíblico de hoy:

 

La actividad del Espíritu en el Antiguo Testamento,La Biblia, dador y sustentador de la vida

En el relato de la creación, el autor inspirado dice: “el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas” (Gn. 1:2). El mismo Dios, después de haber formado al hombre, “sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Gn. 2:7). Este es el entendimiento que Job tenía de su origen, por eso dice: “El espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida” (Job 33:4). Esto quiere decir que el Espíritu es quien genera la vida en la creación, incluyendo la vida humana, vegetal, y animal. Así lo entiende el salmista al decir: “Escondes tu rostro, se turban; les quitas el aliento, expiran, y vuelven al polvo. Envías tu Espíritu, son creados, y renuevas la faz de la tierra” (Sal. 104: 29-30).  Pero esta actividad del Espíritu no está limitada a dar vida, sino también a sustentarla. Es decir, Dios, por medio de su Espíritu cuida, sustenta, y preserva su creación. Por eso el profeta decía: “Así dice Jehová Dios, Creador de los cielos, y el que los despliega; el que extiende la tierra y sus productos; el que da aliento al pueblo que mora sobre ella, y espíritu a los que por ella andan” (Is. 42:5).  “Con toda evidencia, se desprende del Antiguo Testamento que el origen de la vida, su mantenimiento y su desarrollo dependen de la operación del Espíritu Santo. Retirar al Espíritu significa muerte”.

El Espíritu Santo como dador de poder

Esta capacidad estaba relacionada con el rol de liderazgo que algunas personas cumplieron en Israel. En particular, sobresale esta capacitación en la época de los Jueces, aunque también otros recibieron el Espíritu para la tarea de liderar. Por ejemplo, aquellos jueces que el Señor levantaba para libertar a su pueblo eran personas con una gran capacidad y fortaleza que provenía del poder que Dios les dio por Su Espíritu.

La Biblia nos dice que el Espíritu del Señor vino sobre Otoniel, luego sobre Gedeón, también sobre Jefte, y sobre otros más (Jue. 3:10; 6:34;11:29; 14:6; 15:14). El caso más notable de este empoderamiento es el de Sansón, quien derrotó a los filisteos con el poder del Espíritu (Jue. 16). Asimismo, cuando Saúl y David fueron elegidos para ser reyes, ambos fueron ungidos como una señal de la presencia del Espíritu para capacitarlos a dicha tarea.

El Espíritu Santo vino sobre Saúl con poder y lo habilitó para la guerra contra los enemigos de Israel (1 S. 11:6). Y cuando David fue ungido como rey, “El Espíritu del Señor vino con poder sobre David y desde ese día estuvo con él” (1 S. 1:16:13) habilitándolo para que cumpliera con la tarea de reinar para la cual Dios lo había llamado.

El Espíritu Santo como dador de iluminación

Esta función, en un sentido, agrupa y resume varias otras funciones que tienen que ver con el intelecto y el discernimiento del creyente. “La compenetracion intelectual o la capacidad para entender los problemas de la vida se atribuyen a una influencia iluminadora del Espíritu Santo”.  Pero esta función también implica el dar sabiduría, dar revelación y entendimiento.

José tenía el Espíritu del Dios y se le reveló los sueños de Faraón y su interpretación (Gn. 41:1-38). El Espíritu fue dado a los setenta ancianos que ayudarían a Moisés en la tarea de administrar justicia al pueblo y profetizar (Nm. 11:17, 25). Durante la construcción del tabernáculo, el Señor llenó de su Espíritu a Bezaleel y a Aholiab “en sabiduría, y en inteligencia, en ciencia y en todo arte para inventar diseños, para trabajar en oro plata y en bronce (Éx. 31:2-4). Otros también fueron llenados del Espíritu de Dios para la confección de las vestiduras de los sacerdotes (Éx. 28:3).

Asimismo, el Espíritu era quien revelaba, informaba, y capacitaba a los profetas para profetizar. Por eso Esdras dice: “Les soportaste por muchos años, y les testificaste con tu Espíritu por medio de tus profetas” (Neh. 9:30). El profeta Isaías anunció: “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón” (Is. 61). Además, el mismo Ezequiel confiesa: “Y vino sobre mí el Espíritu de Jehová, y me dijo: Di: Así ha dicho Jehová: Así habéis hablado, oh casa de Israel” (Ez 11:5)  Estas operaciones generales del Espíritu durante el Antiguo Pacto fueron entonces un anticipo de una actividad y obra más poderosa y completa en la Redención. Estas actividades que hemos mencionado ilustran lo que Él haría al aplicar la gracia divina (los beneficios de la redención) sobre la iglesia. La profecía de Joel de que Dios derramaría de su Espíritu sobre toda carne (Jl. 2), y la profecía de Ezequiel de que ese Espíritu estaría dentro de los creyentes (Ez. 36), ya anunciaban esa actividad en el pueblo de Dios.