Cesárea

Una cesárea es un tipo de intervención quirúrgica el cual se realiza una incisión quirúrgica en el abdomen (laparotomía) y el útero (histerotomia) de la madre para extraer uno o más fetos con edad gestacional apta para su supervivencia en el exterior.

La OMS recomienda su uso cuando sea necesaria para salvar la vida de las madres y los neonatos por razones médicas, pero puede aumentar el riesgo de complicaciones por ser un procedimiento de cirugía mayor, y estima que el porcentaje de cesáreas en una región no debería superar el 15 %. Actualmente las tasas de cesárea están aumentando en la mayoría de países muy por encima de las tasas recomendadas por la OMS en todos los rangos de edad, sobre todo en los países más ricos.

No se debe confundir con la episiotomía, que es una incisión en el periné para facilitar el parto. La cesárea se hace por encima de la pelvis.

Contrariamente a lo sostenido por algunos autores, la palabra «cesárea» no tiene nada que ver con Julio César, ni este nació por medio de esa cirugía.

Historia

Las cesáreas post mortem eran ya conocidas y practicadas en la antigua Roma, tal y como se contemplaba en la Lex Regia o Lex Caesaria: una mujer que muriese durante el embarazo tardío debía ser sometida a esta intervención con la finalidad de intentar salvar la vida del bebé. En el Nidá 5:1 del texto hebreo Mishná, escrito en el siglo II a. C., también se menciona la cesárea como un procedimiento para salvar al recién nacido.

El primer dato que se tiene de una mujer que sobrevivió a una cesárea fue en Suiza en el año 1500: se cree que Jacob Nufer, un castrador de cerdos, le hizo esta operación a su esposa tras un trabajo de parto prolongado. La mayoría de las veces, el procedimiento tenía una alta mortalidad. En Gran Bretaña e Irlanda la mortalidad en 1865 era del 85 %. Las medidas claves en la reducción de la mortalidad fueron:

-Acogida de los principios de la asepsia.

-La introducción de la sutura uterina por Max Sänger en 1882.-

-Cesárea extraperitoneal y después mudanza a la incisión transversal baja (Krönig, 1912).

-Avances en la anestesia.

-Transfusión de sangre

-Antibióticos.

 

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¿Cómo funciona el virus H3N2?

Ante la subida de casos del virus de la Influenza A es fundamental conocer la prevención, sus síntomas y el tratamiento.

Los cambios bruscos de temperatura y la circulación viral estacional provocan que las guardias médicas reciban pacientes con fiebre alta, dolor de cuerpo y tos persistente. Según un informe difundido por ApolloHospitals, estos cuadros suelen corresponder al H3N2, un subtipo del virus de la influenza A que aparece repentina y agresivamente.

El virus muta cada año, lo que facilita su propagación incluyendo a personas que tuvieron gripe la temporada anterior. Para evitar complicaciones es clave saber cómo actúa. La Influenza A es la categoría responsable de la mayoría de los brotes estacionales. El término H3N2 se refiere a las dos proteínas de superficie que permiten al virus unirse a las células humanas: Hemaglutinina tipo 3 y Neuraminidasa tipo 2.

Un resultado positivo de Influenza A no implica automáticamente gravedad. Sin embargo, su capacidad de contagio es alta especialmente en escuelas, oficinas y transporte público.

A diferencia de un simple resfrío. el H3N2 se caracteriza porque “golpea como una tormenta”. Mientras el resfriado comienza lentamente con estornudos, la gripe H3N2 presenta un inicio súbito: fiebre alta (entre 38°C y 39.5°C), dolores corporales intensos que dificultan el movimiento, escalofríos, fatiga y tos persistente.

A diferencia del COVID-19, la pérdida de olfato y gusto es menos común en la gripe, aunque el dolor corporal del H3N2 suele ser más severo. El virus se propaga por las gotitas respiratorias expulsadas al toser, estornudar o hablar. Una persona puede contagiar desde el día previo a los síntomas y hasta 3 o 4 días después de la fiebre.

En los primeros dos días se presenta una fiebre repentina y malestar general. El tercer y cuarto día, tos intensa y fatiga. En los días 5 y 6 baja la fiebre pero persiste el cansancio. Del séptimo al décimo día son de recuperación. El apetito vuelve, aunque la tos puede durar hasta dos semanas.

La mayoría de los casos se resuelven con reposo, hidratación y paracetamol. Los expertos advierten enfáticamente contra el uso de antibióticos, ya que no son efectivos contra el H3N2. Las medidas de prevención son la vacunación anual actualizada, el lavado de manos frecuente, el uso de mascarillas y la ventilación.

Los grupos de riesgo (bebés, mayores de 65 años, embarazadas y personas con comorbilidades) deben buscar atención médica ante signos como dificultad para respirar o fiebre persistente por más de cuatro días.